Sueños

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Hasta Gambia y Senegal se marchó la fotógrafa Laura Medrano (Alicante, 1976) con el fin de hacerse invisible en sus playas, escondida tras su objetivo, para conseguir captar fragmentos de la vida de quienes viven en simbiosis con el mar. Figuras que se descubren entre una insólita neblina de luz blanca y pura. Una luz casi surreal que envuelve a los fotografiados como si fuera una inmensa nube de retales de algodón. Retazos de vida captados aquí y allá. Elegantes figuras apenas definidas. Esa mujer que carga un balde de agua apoyado en la cadera, aquella que camina entre gaviotas, el hombre que guía a un caballo fantasmagórico o el que vuelve silencioso de un largo día de pesca; la muchacha y el muchacho que cruzan sus caminos con apenas un roce, quizá una promesa... Ellos son los protagonistas de la exposición 'Sueños' y forman una estampa que nos remonta a un pasado propio y un presente ajeno, que la cámara funde en una memoria colectiva. Seres que parecen estar solos en el mundo, ajenos a cualquier tragedia o pasión, ensimismados en sus tareas. Así aparecen cada encuadre escogido por Laura Medrano. La fotógrafa, así, se convierte en nuestro ojo y embellece la realidad con un mundo onírico, uno menos malo. 

 

Las playas que aparecen en las fotografías que componen esta exposición podría ser mediterráneas, las mismas en las que Laura Medrano creció entre luces doradas. Todas son espacios comunes que unen a sus habitantes. Parte del atractivo de esta obra es ese sincretismo humano que concilia nuestras diferencias para convertirnos en un todo, un ser universal que sueña con una vida mejor. Los sueños de gambianos y senegalés pasan, en muchas ocasiones, por alcanzar ese mundo idealizado y España se ha convertido en una referencia de ese paraíso vital, donde el coche, la casa, el trabajo y una vida tranquila son la promesa de un futuro feliz. Cuenta Laura Medrano que durante su viaje tuvo largas conversaciones con locales, en noches estrelladas con sabor a cervezas compartidas al salado relente y que todas las personas repetían ese mismo mantra, esa ilusión del paraíso occidental. Ella les trataba de explicar que la realidad es distinta, sin embargo, supo que no la escuchaban porque todos preferían seguir suspirando por alcanzar la costa española algún día, al precio que fuera. Al fin y al cabo, soñar es prerrogativa del ser humano. 

 

Sumergirse en estas estampas africanas captadas por Laura Medrano supone convertirse en testigo silencioso del mundo que ella contempla con una mirada propia, muy personal y siempre con un tinte surrealista. Un ojo el suyo que mientras da vida a los espacios y a la luz, a los seres animados los detiene en instantes únicos. Una viaje muy recomendable al alcance de todo el que visite esta exposición que hace soñar ya desde su nombre. 

 

Paka Diaz

Periodista