Prohibida

Su destreza de ojo despierto, que no renuncia al sueño de las veladuras, presenta una temperatura humanista muy estimable. Toma el gesto humano de la intrahistoria del día a día, de la voluntad y de las pequeñas epifanías de un lirismo matizado, para devolverlas a la vida misma, con las huellas de lo humano, en la memoria del instante, de la fugacidad que somos.

En sus curiosidades por las arquitecturas o en la celebración de la naturaleza también notamos que el rastro humano acaba de posar por allí, o que está a punto de llegar, quizás acarreando un haz de leña o yendo a girar visita a visitar a un amigo o pariente.

Su periplo oriental, que ahora conforma esta espléndida serie conmueve en su voluntad de comprensión, de solidaridad fraternal. Con el sueño de la cámara lúcida de Laura Medrano, las polisemias dialogantes son plurales, el estímulo a la conjetura continuo, y el descubrimiento de un universo propio cálidamente fiado, insistimos, en las mejores tradiciones del humanismo que se interpela y nos interpela, que denuncia las opresiones que aplastan -o lo pretenden- los vuelos del espíritu libre.

Buen viaje al oriente milenario - y urgente- de esta artista con mirada propia y soplo de amplio espectro

Josep Igual

Escritor